Entrevista a Raquel Abend van Dalen | Lengua mundana, lengua múltiple

By | October 11, 2013 at 4:57 pm | No comments | Entrevistas

Lengua mundana, lengua múltiple
por Alejandro Sebastiani Verlezza

Del diálogo con Raquel Abend van Dalen se desprenden varias conjeturas. Quizá, alguna vez, pensó en la crónica como vía expresiva. Pero prefirió seguir de largo y experimentar con otros géneros. Tiene ahora más de un proyecto literario bajo la manga. Al menos en poesía, descubrió para sí una voz austera, casi lacónica. Un costado de su herencia la pudo haber llevado directamente al camino de las artes plásticas (vio la constancia y la libertad en los talleres de sus padres). El resto lo dicen sus palabras en el siempre estimulante juego de las preguntas y las respuestas.

ASV: Gina Saraceni, en la presentación de tu primer poemario, Lengua mundana, optó por leerte desde una zona muy particular de la tradición poética venezolana. ¿Te sientes “cómoda” ahí? ¿O ya estás moviéndote hacia otros ámbitos expresivos?
RAVD: Gina Saraceni me afilió a una tradición de poetas venezolanas que de una u otra forma han tratado el tema del cuerpo en su escritura: Miyó Vestrini, Hanni Ossott y Jacqueline Goldberg, por mencionar a algunas. Cada una de nosotras, desde su absoluta particularidad, en palabras de Gina “hicimos del cuerpo una escritura”. No importa qué temas o qué registros se quieran experimentar, siempre habrá otros escritores que lo acompañen a uno por una u otra razón. Lengua mundana nunca ha sido mi único ámbito expresivo: antes de escribir este poemario, durante su escritura y después de haberlo publicado me he mantenido trabajando en otros libros que tienen diferentes registros, temas y géneros literarios, y en cada uno de estos proyectos he encontrado refugios en los cuales descansar por ratos –muy cortos.

ASV: Además del trasfondo vital que hay en esa escritura mundana, me gustaría saber si tuviste presente algunos modelos que hayan explorado los mismos tonos por los que tú apuestas.
RAVD: Curiosamente no tuve presente modelos con tonos similares. Me gusta que mis lecturas sean diametralmente contrarias a lo que estoy escribiendo. Si estoy escribiendo poesía, prefiero leer biografías, diarios y libros de arte, o a poetas que trabajan hechos que sé que nunca voy a vivir, como la Segunda Guerra Mundial.

ASV: ¿El decir erótico, vamos a llamarlo así, se te impuso como urgencia o como proyecto? O dicho de otro modo: ¿cómo surgió el llamado de este libro?
RAVD: Yo recurrí a la idea del cuerpo como estructura que paga lo que pasa en el inconsciente, así que más que un decir erótico, diría que es un decir mundano, por ser una poética que se mantiene terrenal y carnal. Que deja de ser espiritual y síquica para transformarse en enfermedad, rabia, queja, cinismo y, por supuesto, goce. Lengua mundana se creó a sí misma de forma orgánica. Por un par de años estuve muy interesada en explorar el cuerpo, su batalla y su entrega, la contención de lo que vive una persona adentro de esta especie de malla, que nos sujeta y ayuda a que no nos derrumbemos. También la escritura de temas aún controversiales para la sociedad, trazados de forma contundente y austera. Cuando me di cuenta de que el libro estaba terminado, le di el nombre de la lengua como ese órgano móvil que chupa y que escupe símbolos y significados.

ASV: ¿Crees que en Lengua mundana haya un poema que dibuje una poética?
RAVD: Creo que cualquier poema de Lengua mundana es víctima de su propia poética. Una que no complace a quien la está leyendo. Que golpea, desea, suda y se desgasta a sí misma, desde el cuerpo de una mujer. Es una poética que no habla, sino que grita sin esconderse.

ASV: Más arriba hablas de la existencia de varios ámbitos expresivos en tu escritura. ¿Podrías reflexionar un poco más al respecto?
RAVD: Comencé escribiendo narrativa antes de experimentar con la poesía. Cuando era niña escribí muchos cuentos fantasiosos y, debo decir, un poco tétricos. Sobre muñecas que cobraban vida, casas flotantes y mundos circenses. Luego, de adolecente, comencé a escribir historias con capítulos, ya intentando mantener un hilo conductor más largo y desarrollado. Después fue que apareció la poesía y la crónica. Lo curioso es que hoy en día no sé escribir cuentos y no me interesa mucho la crónica, así me quedé con la novela y la poesía.
Las novelas toman mucho tiempo y eso es una bendición. No hay nada mejor que agarrar un proyecto que sabes que te va a hacer sentir útil por un buen tiempo. Gozo la creación de personajes, conocerlos, darles todos esos aspectos propios que ya no quiero más. Me divierto al darles profundidad psíquica, porque una vez que lo logro, entonces comienzan a caminar solitos, sin mi ayuda. Yo termino siendo una intermediaria entre ellos y el teclado.
Con respecto a la poesía es distinto, porque es un proceso que se va dando de forma orgánica. Voy experimentando ciertas formas, explorando ciertos temas, y de pronto sin darme cuenta, ahí hay un cuerpo que respira solo.

ASV: Tienes una novela, editada por bid & co. Se llama Andor. Cuéntame, ¿qué pasa ahí, en ese lugar?
RAVD: Andor es un lugar siniestro y sospechoso, en donde no sabes muy bien qué es lo que está pasando. El protagonista llega después de haber intentado suicidarse y pasa los capítulos rodeado de personajes que lo llevan a pensar que hubiera sido más fácil quedarse vivo.
En esta novela trabajo los límites entre realidad y ficción, vida y muerte, pero siempre desde el humor, desde la sátira.

ASV: De todo lo anterior, si agregamos tu entrenamiento en la prosa periodística, se desprende que te manejas con fluidez en diversos registros. Ahora bien, ¿consideras en ti esa versatilidad una dádiva o un handicap?
RAVD: El entrenamiento periodístico te da varias cosas: la disciplina de mantener una rutina de escritura, la capacidad de escribir bajo presión (una presión que generalmente me pongo yo misma) y el arrojo de producir y producir sin tener miedo. Por lo tanto, no creo que pueda verse como un hándicap. La lengua está hecha para ser múltiple.

ASV: Un escritor, se suele decir de manera más o menos automática, va “formándose” en sus lecturas. ¿En tu caso es así? ¿Se alimenta tu escritura de series, pintura, películas, música? ¿Cómo se da esa relación?
RAVD: En mi caso, las lecturas llegaron con el tiempo. Primero vino la pintura y la escultura. Esos dos fueron los pilares de mi infancia, habiendo crecido en los talleres de dos artistas. Porque más que casas, siempre fueron espacios de trabajo. Por suerte, mi abuelo materno fue librero toda su vida. Él era el dueño de lo que hoy en día es la librería Alejandría I. Entonces siempre estuvo la influencia de la literatura por ahí. Eso sí, algo que descubrí sola y que hoy en día sigue siendo mi primera fuente de trabajo es el cine. Por eso, Andor tiene este sabor cinematográfico tan fuerte. Y, en el caso de mi poesía, hay una tendencia a la austeridad del lenguaje.

ASV: me gustaría que hablaras sobre lo importante que fue para ti haber crecido en una casa-taller…
RAVD: Probablemente es una de las cosas que más influyen en mi personalidad y en mi forma de concebir el trabajo del escritor. Por un lado, creo que tuve mucha libertad en cosas que generalmente no tienen otros niños. La mayoría de los objetos de mi casa estaban llenos de pintura, como el teléfono y el televisor; si mi hermano y yo queríamos pintar las paredes, estaba bien visto. No había distinción entre “sala” y “taller”, todo estaba abarrotado de cuadros y esculturas. Teníamos que acompañarlos a los museos, cuando eran espacios culturales que gozaban de una relativa independencia, y a las galerías con mucha frecuencia. Por otro lado, crecí viendo a mis padres ser sus propios jefes. Cada día se levantan y se ponen los zapatos sucios para entrar en el taller y pasar el día trabajando, con una disciplina y un rigor impresionante. Me mostraron una visión del ser artista que no es la del “ser bohemio”, sino la de trabajar como un oficinista o un obrero cualquiera. No es fácil tener la fuerza necesaria para vivir como creador, y menos en la Venezuela actual.

 

Raquel Abend van Dalen. Nacida en Caracas en 1989. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Monteávila, con un Diplomado en Escritura Creativa de la Universidad Metropolitana e ICREA. Autora del poemario Lengua mundana (Común Presencia Editores, 2012) y de la novela Andor (Bid&Co. Editor, 2013). Así mismo, ha ganado Mención especial en el rubro de poesía del III Premio Nacional Universitario de Literatura ( 2009), y mención especial en el rubro de poesía del Concurso de Autores Inéditos (Monte Ávila Editores, 2012). Ha colaborado como redactora y productora en diversas revistas venezolanas (El Salmón, El Librero y El Desafío de la historia). Trabajó como reportera en el Diario Las Américas (Miami, FL). Actualmente cursa la maestría de Creative Writing in Spanish en la New York University. – See more at: Al Filo del Verbo 1986 al 1989