Ruth Llana

By | February 24, 2014 at 2:51 am | No comments | Poesía

Ruth Llana (Asturias, 1990). Es licenciada en filología hispánica. Parte de su trabajo ha aparecido en antologías como Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011) o Hijas del pájaro de fuego (Fin de viaje ediciones, 2012), y revistas, como Los noveles o Revista Kokoro. También ha participado en algunas lecturas, como el encuentro de poesía joven ‘Ninguna voz es la mía’, Baeza, 2012. En 2013 ha ganado el Premio Federico García Lorca de Poesía de la Universidad de Granada con el poemario Tiembla (de próxima publicación).

Su blog es: vertigoaniveldelmar.blogspot.com

 


 

La premura de Anselmo

Tan pequeños y desacertados, los trazos, en la mano, para el cruce de las vías donde se corte el aire. Tu premura Anselmo, tu premura escondida en la necesidad de la ceguera, quizás en ese revuelo, en el tuyo Anselmo. El cielo se cae de entre las manos, y descubres el poder de la rasgadura, de cualquiera de sus sinónimos. Estar cerca no es el espacio Anselmo, si te quedas en el centro lo entiendas, por el extremo que nos lleva y quién sabe si procurada también la premura que te tambalee. Anselmo tu premura y mi premura juntas crean el cielo, pero nuestro espacio crea solo nuestro espacio y nada ya te asegura la virtud. En tus manos la tela de los vestidos golpeados contra la piedra, olvidas Anselmo las rodillas de tu abuela hendidas junto a la tierra oyendo ciega el río con fuerza Anselmo regresas, las manos con fuerza golpean tu cuerpo contra las rocas para secar tus vestidos. Anselmo, tu necesidad y mi necesidad juntas no pueden crear el lenguaje. Con premura regresas a tu madre y olvidas los elementos, y qué está cerca y qué está lejos, para ti puede ser algo más que un absurdo paralelismo con la rasgadura. Por eso una piel que ves está dañada, por la premura del azogue, en el relato del tiempo y quién te diga “Anselmo, no te apresures”.

En Revista Kokoro, nº4

 


 

Leyenda de las motas blancas

Zorro rojo, raya en la ciega costura. Cantan blancos sus ojos, oscuros, no tienen sombra.

Cuatro palos verticales sostienen el pellejo, como el lomo partido sobre las costillas. El gemido crepitante aúlla pequeñas pisadas negras.

En la noche sólo una raya. Zorro rojo deja marcas del silencio en la ladera parda.

Con diez ojos en el lomo, el ciervo aprende la mentira en los rasgos del prójimo. La línea blanca desaparece.

El zorro es rojo y la fuerte batida, tizón de cera y cenizas, crianza serán sus dientes manchas blancas en la tensión de las llamas.

Y el sonido del fuego detenido, si es posible, pelo olvidado en cuatro palos verticales, sonido natural del descendiente.

 


 

Deseo de ser arquero

Nace para ser caballo ilota y relámpago y cartón y olor y tiembla tierra tiembla. Nacer para ser soplo de vida aliento, crin al galope vienen los cerros hacia mí – hacia ellos nos desplazamos nosotros, violentamente luces, esclavos. Golpe percutido (de los ojos negros sin sombra).

Respira la pausa por todo destino lo que se va, consuelo buscado en los golpes de las pezuñas contra el polvo, mantiene su memoria en las rodillas de los elefantes.

Río que trascurre, la mano del oso descubre en el interior del agua (reflejo en los ojos negros del deseo de ser crin y galope, espíritu, garra, nutria)

Golpe del suelo en los cascotes, golpe del suelo en los pies alargados hacia las estrellas (hacia los muertos).

Voy hacia los muertos, hacia los grandes cañones del desierto. Las plantas señalan el hogar del nacimiento. Para ser, momento antes, miedo hormigón tiembla.

Deseo, dirección, deseo; hacia donde voy los muertos como nutrias disparan sus arcos, y tiembla como retrocedo, voy con los muertos con la piel misma de los pies quemada, una superficie tras otra, tras otra la misma, el mismo miedo, peso que se pronuncia de correr descalzo hacia mí corren los lugares descalzos, hacia mí los muertos descalzos yo hacia los muertos descalzo.

 


 

Ana tiene su cuerpo bañado, que no menstrua el cuerpo de Ana. Ana deja de ser mujer para ser Ana. Ana a veces ana se deja Ana por obstáculo. Ana que es sólo sudor. Sudor que se derrama. Arrullo blanco. No sangra ana porque no es Ana. No mujer en sus venas sudor. No fértil porque más allá de su pellejo, ruido. Ana, ana, cuerpo vacío la mano que te extrajo de ti, ana de ana extraída, nueve meses para el nombre de ana, para el hombre de ana, para ana. Un pájaro liberado por el conducto de ana, ana liberada en su útero, la paloma y el espíritu llenan de cuerpo las vísceras de ana. No es baladí la sangre ana, ana no eres ana por tener venas, ana no eres ana. Pero Ana daba una parte por escogida porque amaba a ana. Una parte de ana sólo para ana. Sin úlceras te doy mi cuerpo. Ana observando su boca –mi boca se ensanchó sobre mis enemigos-, reclamando el color negado, la puerta al hijo, el único vínculo más allá del oxígeno, un corte en la lengua. Se alimenta el hombre del líquido como un tumor en el cuerpo de ana. Y la devora elegida porque ama a ana. Ignacio sangra, Samuel en su útero, tiene tres hijas y a las tres llamó ana. Una de sangre, una de tierra, otra de hierba. Mano señala la boca aplastada –mi boca se ensanchó sobre mis enemigos-, y ana es devorada por ana. Porque ana desangró una gallina, ana se hizo ana, liberó a la paloma por la ventana, comió su carne, se vistió con sus plumas, como última prenda tomó las raíces de los árboles, y ana mató a ana, a las tres anas, a la ana que era ana tres veces en su boca ensanchada.

 


 

Мать и сын, Aleksandr Sokurov

La vida es un reflejo deformante. La familia es un espejo deformante. La madre es una superficie deformante.

El hijo es el descarte, la mirada oblicua, los colores del paraíso. Entre los árboles, el sollozo, el mar.

Quizás la causa de mi muerte, ese reflejo deformante. También el mar, el bosque, la familia. Las preguntas en el aire, ser llevado en brazos por los brazos que no son, son, el reflejo deformante. El mar, los árboles. El sollozo tenue del nacimiento, el silencio de la muerte. Su contraposición. Su reflejo deformante.

La mariposa es la confirmación, en los árboles, en los prados, en el sonido del mar; el hijo lo sabe. Una parte de sí va a la deriva, puede no volver a encontrarla. Aún desconoce. Sólo el espejo, las alas de la mariposa, un rostro en la ventana mirando florecer los castaños.

-Es primavera. Este es el momento de mi muerte. El reflejo de mi sueño me ha devorado.

Una parte de sí va a la deriva. La casa está en ruinas, pero parece desconocer, también a dónde va esa parte de sí, parece desconocer dónde está el calor de una piel, el lugar de la deformación, el momento y la culpa de su ausencia.

“Eres tan pequeña”. La muesca que queda, la sombra, el resquicio por el que se desaparece.

Una madre es tan pequeña.

 


 

Historia del sueño: clara, el huevo y la gallina

Hubo un lugar para que clara viera a la gallina y se detuviera como el rastro del sueño, y mirara el alimento a partir de un huevo narrada la historia y la semilla perdurada donde estuvo, “quien lo recoja sea su alimento”, pero dentro aún de la gallina nadie podrá tomarlo y entonces elegida será para ser, sueño en el vientre de clara, clara para la gallina que mirará donde se detuvo, dentro del sueño, clara que devora el huevo, pelícano que devora a clara, en el huevo la gallina su estómago, mira antes del pollo, clara, en la tierra, su deseo, primordiales los restos tocarán la cara de clara, se asegurarán de la necesidad de su suerte, y será la yema deshecha en sus sueños lo que se lleven; y venga la gallina a picotear los hijos de clara, en el campo deshecho sueñe yerma y amarilla se deshace color, clara que se deshace, tiembla la cáscara, mire la gallina donde se detenga, el pelícano sus plumas su alimento, digan la gallina en el campo deshecho, abran las bocas sobre su cara, traguen el huevo, traguen a clara, su camino de huellas inventado por los hijos y en su vientre la suerte y la marca la voluntad de la patria, casa y herrumbre demolidas en sus cimientos, quemadas en sus paredes, el campo destruido y la gallina que se alimenta, los ojos de la gallina que quieta, miran a clara, clara que niña aprieta al pollo contra su pecho y lo asfixia en la legión extranjera de su seno; alimentará las ruinas con sus piernas quemadas a los hijos con sus ojos ciegos y el resto de su carne, finja las tierras que no pudo darse en el sueño y la demolición paulatina de su deseo quede encubierta bajo el mismo pecho que escondió la muerte a los niños; mire clara a la gallina su mirada puesta en el fruto de su vientre, la cáscara que todos esconden, sabrá ver la forma en las ruinas para cuando el sueño se acabe, y al despertar la yema en los dedos, mentirá también ante ellos la gallina por no saber hacerla.

De Tiembla

 


 
Миша В Тумане

(Misha en la niebla)

Animal cumbre momento fuiste pero vuelve Lázaro, camina sobre la niebla.

Animal alzado pies pequeños la mirada en tu quietud, camina hacia la niebla.

Animal en mis manos no te moriste estaba lejos, no estaba en la casa animal cumbre regresa

Animal entre mis manos no estuvieron tus huesos no tendré tus cenizas.

Qué terrible es que no vuelvas a mirarme

Que tus ojos fueran la alegría y el olvido un instante

barbilla alzada que desaparece

la brillante memoria se agazapa

Animal en la niebla animal sembrado vuelve pronto

vuelvo pronto voy hacia ti

animal soy y voy

voy hacia tus pies voy hacia la niebla

Inédito